LOS SAQUEADORES DE TUMBAS.......


El peligroso oficio de saqueador de tumbas del antiguo Egipto (Pedro)





Pese a la severidad de las penas dictadas por los tribunales egipcios, que castigaban con la muerte los robos de tumbas, estos fueron una constante en el Egipto faraónico desde tiempos inmemoriales. A pesar de lo que pueda parecernos, no todos los egipcios sentían una veneración casi sagrada hacia sus reyes difuntos, ni un miedo supersticioso hacia los castigos, divinos o humanos, que sus actos impíos pudieran acarrearles. De hecho, los ladrones de tumbas se caracterizaron por mostrar muy poco respeto hacia los muertos y no tener miedo alguno a las admoniciones que avisaban de que el robo de tumbas era "un crimen que los dioses no perdonarán jamás a aquellos que lo cometan".


Estos hombres no se lo pensaban dos veces si necesitaban luz para llevar a cabo sus fechorías y para lograrlo debían convertir momias infantiles en improvisadas antorchas para iluminar el camino, y tampoco les importaba desgarrar sin miramientos las envolturas de lino que cubrían los cuerpos de reyes, reinas y nobles en busca del codiciado oro, aunque para ello tuviesen que arrancar cabezas y extremidades, y arrojarlas después de cualquier manera.

Trampas para ladrones

Los constructores de las sepulturas tomaban muchas precauciones para evitar su expolio, pero a pesar de ello rara es la tumba egipcia que no ha sido saqueada. En todas, los antiguos ladrones excavaron algún túnel o lograron penetrar en su interior por algún otro medio. Los arquitectos de los faraones diseñaron desde cerrojos hasta falsos pasadizos, trampillas deslizantes de piedra y pozos llenos de cascotes que debían sepultar a cualquiera que intentara entrar.

Por lo que sabemos, estas medidas
disuasorias no tuvieron demasiado éxito.
 Aunque por lo menos hubo un caso en el que sí funcionó una de estas trampas. Miles de años después, un arqueólogo halló pruebas de un ladrón muerto en plena "faena". El investigador encontró un par de brazos seccionados sobre un ataúd roto. El resto del cuerpo estaba tendido al lado. Posiblemente este hombre intentó alzar la momia del interior de su ataúd cuando el techo de la tumba se derrumbó, cortándole los brazos y matándolo en el acto.


¡Atrapados!

Pero no siempre los ladrones se salían con la suya. Muchos fueron atrapados y algunos confesaron esperando algo de clemencia. Los papiros AbbotAmherst y Leopoldo II cuentan uno de los casos más curiosos de robos de tumbas ocurrido a finales del Reino Nuevo

Hubo entonces una serie de detenciones e interrogatorios que acabaron sacando a la luz una red bien organizada de expolios en sepulturas de reyes y nobles que implicaba a importantes miembros de la administración.

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