La orina convertida en pasta de dientes- ROMA (Iván San Juan)

Como es lógico, en la antigua Roma, la higiene personal y pública no era tan avanzada como en la actualidad. Sin embargo, sí existían algunos hábitos y prácticas de higiene que se consideraban importantes para su bienestar y salud:

A los romanos les gustaba mantener la dentadura blanca. Ante la inexistencia de otras alternativas, se hizo común el enjuague con orina, tanto animal como humana. El motivo es que la orina contiene amoníaco, un compuesto de nitrógeno e hidrógeno, que es capaz de actuar como agente de limpieza. Hoy en día, el amoníaco es un ingrediente en los productos de limpieza más útiles para vidrio, porcelana, acero inoxidable y para quitar la suciedad adherida al horno.

Para almacenarlo, existían tinajas públicas en las que los romanos podían hacer sus necesidades. Los ciudadanos esperaban hasta que la orina se esterilizada y se disolviera en amoníaco. Una vez hecho esto, existían diferentes recetas. Algunas, como la del médico, del siglo I, Escribonius Largus, que aconsejaba usarlo junto con vinagre, miel, sal y cristal molido. Otros, como el autor, filósofo y comandante Plinio el Viejo recomendó los siguientes ingredientes: "cenizas, cabeza de liebre y dientes de burro, mezclados con extractos de cerebro de ratón o liebre".


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